Según la
Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH)
2011 con respecto al espacio comunitario, en México el 31.8% de las mujeres de
15 y más años han sido víctimas de alguna agresión pública (aunque no sea en
forma cotidiana), las cuales pueden ir desde insultos hasta violaciones; de
estas mujeres, 86.5% sufrieron intimidación, 38.3% fueron víctimas de abuso
sexual y 8.7% fueron agredidas físicamente.
Ante tal
cotidianidad de la violencia, las mujeres nos hemos visto empujadas a llevar en
nuestro día a día un “cuidado extra” propio cuando andamos por las
calles, en las plazas, en las escuelas, es decir cuando ocupamos el espacio
público.
Hoy en día las mujeres ya no sólo somos
responsables del cuidado del hogar, de nuestras hermanas y hermanos, de
nuestros padres, ahora y como siempre, tenemos la responsabilidad de cuidarnos
a nosotras mismas en un entorno que nos violenta inclusive nos mata. ¿Es que
acaso eso es autocuidado?
Ahora pareciera que el autocuidado no
está refiriéndose a prácticas en las cuales nos sintamos cómodas en donde
creamos cuartos propios para conocernos y disfrutarnos, sino que está partiendo
de un cuidado para sostener nuestras vidas.
Estamos
alerta, a la expectativa, con miedo.
¿Qué hay allá afuera y por qué no podemos estar ahí? El espacio público, ha sido el
territorio de disputa desde que se nombró como tal, la división sexual del trabajo lo ha dejado bien claro: el espacio público para ellos, el espacio
privado para nosotras.
¿Por qué nosotras como mujeres no tenemos que cuidar “más” para poder andar por
la calle?
El cuerpo de las mujeres jóvenes es el
foco principal de la lógica de mercado y consumo, son los cuerpos y las mujeres a quienes más nos matan por
razones de género, somos en donde está la disputa por el derecho a decidir. Las
mujeres jóvenes somos quienes más sufrimos acoso en las calles, a quienes se
nos cuestiona como nos vestimos, con quienes nos relacionamos, donde nos
movemos y un montón de cosas que no se podrían terminar de en-listar.
En un espacio en donde se habla de
Autocuidado se espera que se compartan actividades, sentires, los cuales sean
dirigidos para crear ambientes de paz, seguros, de nosotras para nosotras pero
es alarmante y deja ver muchas cosas que hay que llevar a la reflexión, como de
la palabra autocuidado vienen una serie de pensares que nos dirigen al
cómo nos cuidamos de los otros y no al cuidado de y para nosotras mismas.
Pareciera entonces que el entorno es peligroso,
que tenemos que estar alertas, vigilantes en las calles, porque en nuestro
imaginario femenino están los feminicidios y todas las condiciones estructurales que nos
imposibilitan transitar, inclusive ejercer uno de nuestros derechos
fundamentales como lo es el vivir una vida libre de violencia.
Habría que exigir y poner en la mesa y
cuestionar a las instituciones de gobierno, educativas, la familia, a nuestros
entornos el tipo de dinámicas en las cuales nos estamos desarrollando como
sociedad y sistema donde nosotras nos tenemos que cuidar del mismo entorno que
es hostil, que nos violenta, agrede, acosa, viola, victimiza y asesina.
Desde el movimiento feminista hemos
retomado el autocuidado como práctica política no sólo para la sostenibilidad
de los movimientos, sino como sostenibilidad de nuestras propias vidas, en
donde entendemos que llevamos como
mujeres 2, 3, inclusive me atrevería a nombrar ahora, una 4ta jornada diaria, la del cuidado propio ante el entorno.
El autocuidado tiene como objetivo
ponernos en el centro de nuestras luchas, visibilizar en nuestra vida diaria
como abonamos a que ésta se sostenga y se viva de manera digna. Apostamos a la
construcción y compartimiento de prácticas entre propias mujeres para el
cuidado y crecimiento de todas y cada una.
Si bien sabemos que es una
responsabilidad propia el procurarnos a nosotras mismas en un mundo como en el
que habitamos ahora, el "cuidarnos" allá afuera, de los otros, todo
el tiempo, más que un trabajo propio que debamos hacer, exhorta a la
transformación de los espacios para que no sean seguros para algunos y de
cuidado para las otras.
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